
PINTURA QUE DESVELA LOS PAISAJES DEL ALMA:
Por Iñaki Ruiz de Eguino
Dos vertientes creativas se dan en la pintura de Martín Pérez Irusta.
Su faceta de arquitecto, diseñador e ilustrador, lo incita a desarrollar la figuración, donde la ciudad queda reflejada a través de edificios singulares, avenidas habitadas, que se extienden hacia espacios verdes en sus parques y jardines.
Una realidad donde aflorando un cierto halo romántico, invade el lienzo.
Al recrear espacios abiertos, el pintor se propone trasladarnos a la playa. Junto al mar surge otro modo de hacer pintura donde la figura humana es la protagonista.
Después el horizonte se diluye y nos desvela la luminosidad de los cielos cambiantes donde se percibe el silencio. Silencio fruto de la atenta observación, que hace posible emerger su vertiente puramente abstracta.
Formas-luz y texturas diluidas.
Aquí la soledad del hombre queda convertida en la auténtica realidad.
En estas abstracciones depuradas, lumínicas, Martín Pérez Irusta nos descifra el espacio interior del hombre, y el espacio recóndito del mundo.
Su paleta derrama luces y el pincel se explaya para desarrollar jugosos espacios cromáticos.
Luz liberada. No existe aquí la conformación de figuras. Las formas pierden su virtud esencial y rompiendo con la realidad, nos comunican con otro mundo, este sensible al corazón, más que a la razón.
Decía Heráclito que: "La realidad se complace en ocultarse".
Sí crear es hacer patente lo oculto, esta es la aventura plástica de Martín Pérez Irusta, hacer visibles los paisajes del alma a través de la pintura.
Su faceta de arquitecto, diseñador e ilustrador, lo incita a desarrollar la figuración, donde la ciudad queda reflejada a través de edificios singulares, avenidas habitadas, que se extienden hacia espacios verdes en sus parques y jardines.
Una realidad donde aflorando un cierto halo romántico, invade el lienzo.
Al recrear espacios abiertos, el pintor se propone trasladarnos a la playa. Junto al mar surge otro modo de hacer pintura donde la figura humana es la protagonista.
Después el horizonte se diluye y nos desvela la luminosidad de los cielos cambiantes donde se percibe el silencio. Silencio fruto de la atenta observación, que hace posible emerger su vertiente puramente abstracta.
Formas-luz y texturas diluidas.
Aquí la soledad del hombre queda convertida en la auténtica realidad.
En estas abstracciones depuradas, lumínicas, Martín Pérez Irusta nos descifra el espacio interior del hombre, y el espacio recóndito del mundo.
Su paleta derrama luces y el pincel se explaya para desarrollar jugosos espacios cromáticos.
Luz liberada. No existe aquí la conformación de figuras. Las formas pierden su virtud esencial y rompiendo con la realidad, nos comunican con otro mundo, este sensible al corazón, más que a la razón.
Decía Heráclito que: "La realidad se complace en ocultarse".
Sí crear es hacer patente lo oculto, esta es la aventura plástica de Martín Pérez Irusta, hacer visibles los paisajes del alma a través de la pintura.
Iñaki Ruiz de Eguino
San Sebastián, 21/08/2008
San Sebastián, 21/08/2008


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